Texto de sala de XYZA, exposición Individual de Ramiro Chaves, noviembre 2009

(…) Paisaje que no pasa nunca:
cierro los ojos y lo veo.
―Xavier Villaurrutia

Por Amanda de la Garza Mata

Silencio y espera, evocación y memoria, palabras que toman lugar en una imagen, que se posan sobre la piel del mundo compuesta de paisajes en vilo, de vida detenida. Las imágenes que aquí se presentan nos cuestionan sobre el tiempo de la imagen, sobre la temporalidad del mundo. El recuerdo es el momento existencial en donde la linealidad temporal se ve trastocada, síntesis de pasado y presente, evocación nostálgica de lo que ya no será, de lo que pasó y de lo que vendrá, deseo y derrota.

La memoria, por su parte, tiene una vida externa a nuestra interioridad, se alberga, se sedimenta, se deposita, se desvanece, aguarda oculta e intacta detrás de los paisajes, en la visualidad arquitectónica, en las cosas simples y ordinarias: una mesa de pingpong junto a la réplica de un ídolo prehispánico, una maceta, un vitral, la aguja de un reloj marcando un segundo, un anuncio de neón en una azotea, un muro de ladrillo, una torre, una ventana, 3 troncos. La memoria muere junto con los objetos, ahí reside su drama y su redención. Ramiro Chaves se enfrenta al teatro del mundo, uno hecho de mitologías y tragedias producto de la ruina cotidiana, histórica y geográfica. Habla desde una mirada imposible, y por tanto poética; en sus imágenes coloca bajo un mismo status ontológico a paisajes y objetos. Redención ocular y luego óptica de las formas.

¿Qué es lo que está oculto detrás de la evidencia de las cosas, de su literalidad, de su representación? La respuesta es una mirada construida desde la frialdad formal y técnica de la fotografía, sublime artificio que devela el realismo perenne de los objetos, convirtiéndolos por tanto en construcción, recuerdo, ficción. Nostalgia del instante en que los objetos se vuelven enteramente propios, enteramente ficticios, donde cesa la descripción y aparece una poética del instante.

Aquí el momento decisivo deja su dictadura para oponerse al eterno instante de la contemplación del mundo, aparece entonces la infinita trama de relaciones que acontecen en un encuadre, un paisaje, un objeto, una escultura arquitectónica; un enigma se posa sobre ellos. Son tres las estrategias a través de las que Ramiro Chaves hace emerger la ruina: la quietud, la nostalgia y el misterio. El resultado es una imagen intervenida  para combatir la desaparición y el olvido.

Página de la obra de Ramiro Chaves   : http://chavesphoto.com/

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